EL PARTIDO DE MI VIDA.
Este momento que vivo es ideal para frenar un poco el ritmo, dejar de ir a buscar el resultado como único objetivo y parar de tirar centros a la olla como método sistemático de avance. Prefiero parar la bocha un instante y mirar detrás de mis hombros para saber a qué juego y, fundamentalmente, a qué jugué en este partido que ya transcurre por su tiempo adicional al reglamentario y que duró tres fantásticos años.
Y voy a dormir tranquilo porque este clásico lo salí a jugar por amor a la camiseta, porque si de algo estuve siempre convencido es de que quise trabajar en esta profesión. Como de a lugar. Por eso, a veces me puse el overol y me esforcé, otras tantas las jugué de taco y en algunas hasta debí infiltrarme para seguir y no pedir el cambio. Eso sí, siempre con la pasión que me genera ponerme esta camiseta y sin traicionar los principios y la ética con la que me educaron mis viejos. Aunque la vieja siempre diga que debí ser abogado y el viejo la consienta. Gracias a los dos. Sin saberlo, cursar ocho meses Derecho me despejó cualquier tipo de duda sobre cual era mi verdadera vocación. Y así fue como arranqué Periodismo.
Tampoco me quiero olvidar de dos pilares en mi vida que me bancaron en forma incondicional, desde el primero hasta el último minuto de clases: mi esposa Mercedes y mi hijo Santino. Para ellos, las gracias de siempre por el apoyo, mis sinceras disculpas por el tiempo que les robé en post de la carrera y mi amor entero y eterno.
A mis compañeros, por la onda y el respeto, por el empuje y la misma sintonía. Qué difícil va a ser tenerlos como rivales. Y que simple de colegas. Un grupo increible en el cual encontré desde gente con quien poder pensar un proyecto hasta amigos en quien confiar.
A ciertos profesores que tuve y me enseñaron tanto. Y no hablo específicamente de sus materias, sino de "abrir la cabeza", enseñar a pensar, a ver un poco más allá de lo que está a la vista. Esa docencia queda para siempre al igual que mi recuerdo y admiración por ellos.
Sin poder detener el tiempo, se termina el partido. Se termina otro ciclo más en mi vida. Ahora queda lo mas duro: darle continuidad para que pase de ser un aprendizaje a un medio de vida. Con las dificultades que ello implica en nuestro monopolizado país.
Es que quedan pocos días para recibirme. Me siento orgulloso y, al mismo tiempo, felíz por no haber renunciado a mis convicciones y creencias, aunque ahora las mismas se me pongan de manifiesto. Porque hay algo que me gustaría confesar: siempre tuve una frase recurrente para cuando miraba alguna transmisión, desde el sillón de casa, y no coincidía con algún dicho: "Cómo puede estar este tipo laburando con las cosas que dice? Si yo "fuera" Periodista Deportivo sería un fenómeno". Si yo fuera, decía...y ahora lo soy.
Andá y demostrá que no estabas equivocado, entonces.